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La Coctelera

El mesón de Hyde

Recetas cinéfilas de un chef coprófago

1 Octubre 2007

¿El cine español es una mierda? (y 2)

- “La torre de los siete jorobados” (Edgar Neville, 1944): Rara avis del cine de los 40. Si el panorama cinematográfico de la inmediata postguerra estuvo presidido por un monolitismo ideológico que llevó a directores como Rafael Gil, Juan de Orduña o José Luis Saenz de Heredia, ha convertirse en portavoces del nuevo régimen, otros directores, como Carlos Serrano de Osma, y sobretodo Edgar Neville, aportaron frescura y originalidad a una época bastante gris. “La torre de los siete jorobados” narra las peripecias de…eso…siete jorobados que en el sótano de una sinagoga se dedican a la falsificación de monedas. Si el argumento es ya de por sí sublime por lo descacharrante, la película destaca en lo formal. Hoy que el cine español se debate entre la caspa de bar y puticlub, y la copia miserable de la realidad americana, Edgar Neville consigue en “La torre…” un equilibrio de tendencias cinematográficas dispares que para sí quisieran muchos realizadores de nuestra época. Entre el casticismo madrileño y el expresionismo alemán, esta película contiene un sinfín de imágenes atractivas y sugerentes que hoy debemos reivindicar. Lástima que la carrera de Neville en los años cincuenta perdiera frescura. Uno de los mejores y más internacionales directores de cine español. No se pierdan sus películas.


- “Los últimos golpes del Torete” (José Antonio de la Loma, 1981): Si Tarantino hubiera vivido en Murcia, este sería nuestro blaxpoitation. Ahora que “Death Proof” ha puesto de moda películas como “Vanishing point”, y los niñatos pijos hablan de las “muscle car chase” como si hubieran visto alguna, es el momento de reivindicar nuestro cine de persecuciones patrio. Delincuentes juveniles, tiros, frases macarras y persecuciones a toda hostia. Arriba el cine quinqui! Arriba el Torete! Dios salve al Jaro!!!

- “Padre Coraje” (Benito Zambrano, 2001): “Si no metes Padre Coraje te rajo”. Ese es el mensaje que he leído esta mañana al abrir el Messenger. Y yo, que aparte de cagón, no tengo personalidad, incluyo “Padre Coraje” en esta lista. Uno de los grandes defectos del cine español es intentar retratar realidades que el director o guionista desconocen. Y eso, claro, pasa factura al acabado formal y la verosimilitud de la historia que se nos está narrando. Los bajos fondos que retrata el cine español parecen los lienzos de un pintor que retrata a sus modelos con catalejo. Y el principal triunfo de “Padre Coraje” es la espontaneidad, cercanía y frescura que imprime a su mirada realista y descarnada de esos bajos fondos. Tan realista y descarnada que da miedo. Y donde muchas películas españolas fracasan, “Padre Coraje” triunfa. Porque esta cinta, como todas las de Benito Zambrano, nacen del corazón y consigue cautivarnos. Y qué decir de las interpretaciones. Un Juan Diego inconmensurable, rodeado de secundarios de lujo como Manuel Caro, Antonio de la Torre, Manuel Morón o el siempre genial Antonio Dechent (¡el Warren Oates del cine español!). ¿Y creen que he olvidado al Maquea? Lo mejor para el final. Vicente Zamora, en su papel de yonqui cabrón que se las sabe todas, está pletórico. Consigue que lo amemos y lo odiemos, que nos ríamos con él y le tengamos mucho, mucho miedo. Es una interpretación tan compleja, tan sutil, tan matizada, que todos los premios que alcanzó con este papel son pocos. Y es que el arte, amigos míos, guste a quien guste, pese a quien pese, se encuentra en el sur.

- “El ataque de los muertos sin ojos” (Amando de Ossorio, 1973): Cuando al director de la película, ya anciano, le preguntaron en una conferencia si recomendaría a alguien sus obras, él contestó: “Ni a mi peor enemigo”. Pero las pelis de Ossorio, Naschy, Klimovitz, Aured o Manuel Caño molaban y, junto con el cine quinqui, el terror hispánico es nuestro poitation particular. Cierto es que estas películas pertenecían a un género tan denostado como es el fantástico, puede que la mayor parte de ellas tengan la calidad cinematográfica de una cagarruta seca. Pero solo por la escasez de medios con las que fueron rodadas y el afán comercial que las presidía (fueron taquillazos en su momento y hoy en día siguen siendo obras de culto en todo el mundo), deberían ser objeto de estudio y reivindicación para todos los cinéfilos del mundo. He elegido “El ataque de los muertos sin ojos” como podría haber elegido “La noche del terror ciego”, “La marca del hombre lobo”, “Gritos en la noche” o “El buque maldito”. El teórico cinematográfico, Juan Miguel Company, definió el terror hispánico como “una estructura formal deficiente cuyos elementos constitutivos se encuentran en un estado de caos, incontrolado en sus últimas connotaciones por el director”. Quizás por eso me guste tanto. Y no se pierdan el trailer!!!

Faltan películas, lo sé. Pero valgan estos ejemplos para todos aquellos que reniegan del cine español por costumbre. Y no olviden una cosa. El mejor cine de terror y fantástico del mundo no es yanqui, ni siquiera japonés. El mejor cine de terror y fantástico se hace en España. Balagueró, Plaza, Cerdá, Bayona, Fresnadilla, Serra o Vigalondo, son las cabezas visibles de una generación de cineastas que serán ninguneados por sus compañeros, ya verán, pero a los que el futuro les guarda grandes éxitos. De momento, Vigalondo y sus "Cronocrímenes" ya se han alzado con el primer premio del Festival de Cine Fantástico de Austin, Texas. Y qué decir de la que va a liar "El orfanato". Buenos tiempos para el cine español de género.

Los que quieran hacer cine social que se jodan.

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De profesión psicótico, Hyde es mi alter ego desbocado. Con una temprana afición por el cine (a los nueve años comenzó a devorar películas...y a otros niños, pero eso no viene al caso), Edward Hyde, alias el simpático, es hoy un eterno adolescente de veintitrés inviernos que solo le teme a tres cosas pero no recuerda ninguna. Cortometrajista y estudiante de cine, espera ansioso la venta de su primer guión que conseguirá cinco minutos antes de que el sol se apague (pizca más o menos). Dicho esto, les dejo con este amorfo soñador cinéfilo y acomplejado. Suyo siempre, Henry Jeckyll.

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