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La Coctelera

El mesón de Hyde

Recetas cinéfilas de un chef coprófago

27 Septiembre 2007

"El destripador de Nueva York", de Lucio Fulci

¿No han oído hablar nunca de Lucio fulci? ¿Ni siquiera les suena? Pues si les gustan las emociones fuertes, ya pueden ir a la mula y descargar sus películas. Si son de estómagos sensibles...Mejor que lo dejen, pardiez.

En 1984, el director de la British Board of Film Classification, el organismo censor británico, calificó una película italiana como "obscenamente ofensiva", "misógina" y que proyectaba toda su violencia contra la figura de la mujer. Era "El destripador de Nueva York". La película, de Lucio Fulci, obtuvo de inmediato la certificación de "Video Nasty", esto es, películas que no podían distribuirse o exhibirse so pena de cárcel. ¿Todavía no he conseguido llamar su atención? Sigan leyendo...

"El destripador de Nueva York" pertenece a la etapa de esplendor del realizador italiano. Maestro del giallo e infinitamente más bruto que sus compañeros Argento o Bava, Lucio Fulci abandonó en 1982 el thriller sobrenatural que tanto éxito le dio con películas señeras como "Zombi 2", "La casa al lado del cementerio" o la magnífica "El más allá" (que Quentin Tarantino reconoce haber visto más de 30 veces) para filmar un slasher policíaco controvertido y extremadamente polémico.

Su argumento es demencial. En Nueva York, un sádico se dedica a destripar y descuartizar a bellas damas, mientras un agente de policía (Jack Hedley) y un psicólogo (Paolo Malco), se encargan de perseguirle. ¿Hasta aquí normal? ¿Tópico quizás? Pues apunten esto... ¡El asesino habla como el Pato Donald! Sí, sí, han leído bien. Como el puto Pato Donald. Sólo por ver a un descuartizador que habla como un pato deberían ver esta película.

Y si la sangre no les atrae, probemos con la carne. Fulci era un misógino que culpaba a la iglesia católica de su misoginia. "Odio a las mujeres cuando no están conmigo", dijo el italiano...Y todo el odio debió gastarlo en "El destripador de Nueva York". Hay un personaje secundario en esta película, amigos, que merece un sitio en el cielo. Una atractiva mujer de aspecto adinerado (interpretada por la misteriosa Alexandra Delli Colli),recorre los barrios marginales. Sólo viste una gabardina. Busca sexo sucio y clandestino. La conocemos en un show de sexo en vivo, donde se masturba entre el público mientras graba los gemidos para conseguir que su marido impotente consiga excitarse. Es esta secuencia, de alto contenido sexual, el mejor orgasmo femenino jamás filmado. Con un montaje en picado, una perfecta concatenación de primeros planos y un uso muy erótico de la banda sonora, la cadencia de planos se acelera cuanto más cerca está la mujer de conseguir el orgasmo. Una maravilla que solo Fulci podría filmar, y que solo el italiano podría superar. Porque en una secuencia posterior, nuestra amada Delli Colli, se deja masturbar con el pie por un portorriqueño. Sean hombre o mujer, no se pierdan esas secuencias...

En ocasiones, a Lucio Fulci se le ha acusado de rodar películas visualmente impactantes con guiones que van de la estupidez a la idiocia. Quizás tengan razón. La explicación científica que el psicólogo da al hecho de que el asesino hable como un pato es tan demencial que lleva a la risa. Pero es que a Fulci el por qué de la historia le da exactamente igual. A Lucio Fulci le importa el cómo. Si el realizador italiano hubiera dirigido "Seven", los motivos religiosos de John Doe desaparecerían del guión. Fulci se hubiera centrado en las muertes. Y el italiano filma cómo nadie el momento del crimen.

Lucio Fulci se encuentra en el selecto club de cineastas que han conseguido horrorizarme a la hora de filmar un asesinato. Allí están Hitchcock y la celebérrima muerte de Janet Leigh en "Psicosis", Kieslowski y el estrangulamiento de "No matarás", Haneke y el disparo en off de "Benny´s video" y la tortura con degollamiento de Heather Materazzo en "Hostel 2", de Eli Roth.

Este último, el Lucio Fulci del mainstream actual, comparte con el maestro italiano una pasión por lo explícito y lo sucio. Porque en el cine de Lucio Fulci no hay sugerencia. El autor se recrea en las muertes, las hace creativas, sádicas, imaginativas. Y "El destripador de Nueva York" contiene alguna de las mejores muertes que recuerdo. En el video que cierra el post, bendito youtube, podrán ustedes comprobarlo. Atención al 1:27. Allí encontrarán una guía práctica de cómo Fulci se divierte con una prostituta, un pezón y una cuchilla de afeitar. Mi tercer crimen se inspiró en esa secuencia.

En fin, amigos, que espero haber llamado su atención sobre esta magnífica y muy entretenida película. Si les gusta el crimen, la sangre y la masturbación pédica, no se la pierdan. Si no, disculpen por haberles hecho perder su precio tiempo.

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De profesión psicótico, Hyde es mi alter ego desbocado. Con una temprana afición por el cine (a los nueve años comenzó a devorar películas...y a otros niños, pero eso no viene al caso), Edward Hyde, alias el simpático, es hoy un eterno adolescente de veintitrés inviernos que solo le teme a tres cosas pero no recuerda ninguna. Cortometrajista y estudiante de cine, espera ansioso la venta de su primer guión que conseguirá cinco minutos antes de que el sol se apague (pizca más o menos). Dicho esto, les dejo con este amorfo soñador cinéfilo y acomplejado. Suyo siempre, Henry Jeckyll.

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