Chef: Wim Wenders.
Indicaciones: Delicioso manjar para los que gustan del cine en mayúsculas. Una obra maestra.
Ingredientes: Un hombre camina solo por el desierto. Busca agua, no la encuentra. Se desploma. Días después, en Los Ángeles, Walt Henderson, un reputado publicista, recibela llamada del médico de una pequeña localidad de Texas. Éste le informa de la aparición de un hombre que podría ser su hermano Travis, desaparecido cuatro años atrás, y que ahora ha podido perecer en el desierto, en el otro extremo del país.
Cuando los hermanos se encuentran, Walt encuentra enTravis una sombra triste de lo que fue, un muñón de humanidad de mirada perdida, semblante triste y taciturno que se niega aarticular palabra y solo piensa en huir. ¿Qué le llevó a ese estado? ¿Por qué decidió desaparecer? "París-Texas" es la historia de un hombre roto que tendrá que enfrentarse al pasado que un día decidió dejar atrás.
Esta obra sublime fue dirigida en 1984 por Win Wenders ("El cielo sobre berlín") y escrita por Sam Shepard (director y guionista volvieron a encontrarse el pasado año en la afortunada pero menor en sus filmografías "Llamando a las puertas del cielo"). "Paris-Texas" cuenta con una mítica banda sonora del guitarrista Ry Cooder, que pudimos escuchar durante años en la cabecera del programa informativo "Documentos TV", y la excelente labor en la fotografía de ese GENIO que es Robbie Müller.
Comentario: La vida duele, el amor también. Esta es una de esas raras maravillas del arte con mayúsculas que reúne en una misma obra a un grupo de profesionales en estado de gracia, dando como resultado una de las películas más conmovedoras y emotivas jamás rodadas. La secuencia final en la cabina del "peep-show", que reúne frente a frente a Travis y Jane, debería ser alabada en las escuelas de cine, loada en la blogosfera, santificada por los cinéfilos.
Ese cristal que separa a los personajes no solo es una distancia física, real, sino que es una distancia más sofisticada, la que representa el paso de los años que los protagonistas han vivido separados, la distancia de dos seres que se han visto puteados por la vida y el amor. Lo crudo del montaje de esta secuencia (un plano fijo sin movimiento que se mantiene en pantalla durante varios minutos), lejos de alejarnos de la acción, nos introduce en ella, nos permite penetrar en el drama de los personajes y en la magnífica labor actoral de dos actores (Dean Stanton y Nastassja Kinski) que jamás brillaron tan intensamente como en esta cinta.
Harry Dean Stanton, Travis, bendito seas. Desde el Ethan Edwards de "Centauros del desierto", no veía una interpretación tan grave, tan matizada y tan triste, como la que nos regala Stanton en "París-Texas". Con pocas palabras (pero algunas frases geniales: "Yo no le tengo miedo a las alturas, le tengo miedo al suelo"), Harry Dean consigue hacernos llorar, reír, emocionarnos, gritar tres hurras por el cine y bendecir su fecha de nacimiento.
Robbie Müller, genio de la fotografía, loado seas. Si algún día he de morir, quiero que la película de mi cielo la fotografíe Robbie Müller. En una obra magna del impresionismo cinematográfico, Müller llena la película de imágenes sugerentes que no son vanos espectáculos visuales, sino que la captación de los diferentes paisajes que Travis se encuentra en suviaje son una traslación del estado de ánimo y la personalidad remordida del protagonista.
¿Y qué decir de la música de Ry Cooder? Para muestra un botón, amigos. Vean los títulos de crédito de esta obra maestra indiscutible. A mí se me saltan las lágrimas.
Nota: Perdón por pasarme por el forro la premisa de la brevedad del blog pero...Esta película me encanta.

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