Pocas películas han sido tan resistentes a ese juez cabrón que es el tiempo. Y ahí está Casablanca. Pero la película de Michael Curtiz (con la influencia fundamental de Howard Hawks) es algo más que la secuencia del aeropuerto y el celebérrimo flashback. Estoy completamente enamorado de ella. Su carisma y la profusión de personajes emblemáticos (bendito Renault, magnífico Laszlo, qué decir de Rick), la hacen una película imperecedera. He aquí una de mis secuencias favoritas. En el bar de Rick, los acólitos nazis de Strassen cantan el himno alemán. Victor Laszlo, refugiado político, hombre de altura y cornudo eventual, no se quedará de brazos cruzados. Vive la France!
- “La torre de los siete jorobados” (Edgar Neville, 1944): Rara avis del cine de los 40. Si el panorama cinematográfico de la inmediata postguerra estuvo presidido por un monolitismo ideológico que llevó a directores como Rafael Gil, Juan de Orduña o José Luis Saenz de Heredia, ha convertirse en portavoces del nuevo régimen, otros directores, como Carlos Serrano de Osma, y sobretodo Edgar Neville, aportaron frescura y originalidad a una época bastante gris. “La torre de los siete jorobados” narra las peripecias de…eso…siete jorobados que en el sótano de una sinagoga se dedican a la falsificación de monedas. Si el argumento es ya de por sí sublime por lo descacharrante, la película destaca en lo formal. Hoy que el cine español se debate entre la caspa de bar y puticlub, y la copia miserable de la realidad americana, Edgar Neville consigue en “La torre…” un equilibrio de tendencias cinematográficas dispares que para sí quisieran muchos realizadores de nuestra época. Entre el casticismo madrileño y el expresionismo alemán, esta película contiene un sinfín de imágenes atractivas y sugerentes que hoy debemos reivindicar. Lástima que la carrera de Neville en los años cincuenta perdiera frescura. Uno de los mejores y más internacionales directores de cine español. No se pierdan sus películas.
- “Los últimos golpes del Torete” (José Antonio de la Loma, 1981): Si Tarantino hubiera vivido en Murcia, este sería nuestro blaxpoitation. Ahora que “Death Proof” ha puesto de moda películas como “Vanishing point”, y los niñatos pijos hablan de las “muscle car chase” como si hubieran visto alguna, es el momento de reivindicar nuestro cine de persecuciones patrio. Delincuentes juveniles, tiros, frases macarras y persecuciones a toda hostia. Arriba el cine quinqui! Arriba el Torete! Dios salve al Jaro!!!
- “Padre Coraje” (Benito Zambrano, 2001): “Si no metes Padre Coraje te rajo”. Ese es el mensaje que he leído esta mañana al abrir el Messenger. Y yo, que aparte de cagón, no tengo personalidad, incluyo “Padre Coraje” en esta lista. Uno de los grandes defectos del cine español es intentar retratar realidades que el director o guionista desconocen. Y eso, claro, pasa factura al acabado formal y la verosimilitud de la historia que se nos está narrando. Los bajos fondos que retrata el cine español parecen los lienzos de un pintor que retrata a sus modelos con catalejo. Y el principal triunfo de “Padre Coraje” es la espontaneidad, cercanía y frescura que imprime a su mirada realista y descarnada de esos bajos fondos. Tan realista y descarnada que da miedo. Y donde muchas películas españolas fracasan, “Padre Coraje” triunfa. Porque esta cinta, como todas las de Benito Zambrano, nacen del corazón y consigue cautivarnos. Y qué decir de las interpretaciones. Un Juan Diego inconmensurable, rodeado de secundarios de lujo como Manuel Caro, Antonio de la Torre, Manuel Morón o el siempre genial Antonio Dechent (¡el Warren Oates del cine español!). ¿Y creen que he olvidado al Maquea? Lo mejor para el final. Vicente Zamora, en su papel de yonqui cabrón que se las sabe todas, está pletórico. Consigue que lo amemos y lo odiemos, que nos ríamos con él y le tengamos mucho, mucho miedo. Es una interpretación tan compleja, tan sutil, tan matizada, que todos los premios que alcanzó con este papel son pocos. Y es que el arte, amigos míos, guste a quien guste, pese a quien pese, se encuentra en el sur.
- “El ataque de los muertos sin ojos” (Amando de Ossorio, 1973): Cuando al director de la película, ya anciano, le preguntaron en una conferencia si recomendaría a alguien sus obras, él contestó: “Ni a mi peor enemigo”. Pero las pelis de Ossorio, Naschy, Klimovitz, Aured o Manuel Caño molaban y, junto con el cine quinqui, el terror hispánico es nuestro poitation particular. Cierto es que estas películas pertenecían a un género tan denostado como es el fantástico, puede que la mayor parte de ellas tengan la calidad cinematográfica de una cagarruta seca. Pero solo por la escasez de medios con las que fueron rodadas y el afán comercial que las presidía (fueron taquillazos en su momento y hoy en día siguen siendo obras de culto en todo el mundo), deberían ser objeto de estudio y reivindicación para todos los cinéfilos del mundo. He elegido “El ataque de los muertos sin ojos” como podría haber elegido “La noche del terror ciego”, “La marca del hombre lobo”, “Gritos en la noche” o “El buque maldito”. El teórico cinematográfico, Juan Miguel Company, definió el terror hispánico como “una estructura formal deficiente cuyos elementos constitutivos se encuentran en un estado de caos, incontrolado en sus últimas connotaciones por el director”. Quizás por eso me guste tanto. Y no se pierdan el trailer!!!
Faltan películas, lo sé. Pero valgan estos ejemplos para todos aquellos que reniegan del cine español por costumbre. Y no olviden una cosa. El mejor cine de terror y fantástico del mundo no es yanqui, ni siquiera japonés. El mejor cine de terror y fantástico se hace en España. Balagueró, Plaza, Cerdá, Bayona, Fresnadilla, Serra o Vigalondo, son las cabezas visibles de una generación de cineastas que serán ninguneados por sus compañeros, ya verán, pero a los que el futuro les guarda grandes éxitos. De momento, Vigalondo y sus "Cronocrímenes" ya se han alzado con el primer premio del Festival de Cine Fantástico de Austin, Texas. Y qué decir de la que va a liar "El orfanato". Buenos tiempos para el cine español de género.
Habrán escuchado esta afirmación en taxis, bares, iglesias y puertas de colegio. El españolito de a pie no le tiene aprecio al cine patrio. Yo tampoco. Si nuestro cine busca identificación con el espectador, conmigo no la consiguen. Ni me gustan muchos de sus dramas, ni me gustan sus estúpidas comedias. No obstante, este curso que pronto terminará, si bien en taquilla no ha sido especialmente boyante, sí que nos ha permitido tomar contacto con obras tan prometedoras como "Bosque de sombras", "Bajo las estrellas" o"Ladrones", y algunas cintas arriesgadas como "En la ciudad de Sylvia", "La soledad" o "La hora fría" (riesgo por ser una cinta de género en España, fallida porque es...cómo decirlo...no muy buena).
Por eso, como este año está siendo especialmente benigno en lo artístico, me he venido arriba y me he dispuesto a hacer una lista con mis películas favoritas de cine español. Lo hago por dos motivos: porque estoy harto de la frasecita "`Tesis´ es la mejor película de la historia del cine español", y porque me sale de los cojones.
Normalmente, las listas suelen ser mentirosas. El que las hace, por olvido o vergüenza, no suele incluir las películas que verdaderamente le gustan, aquellas que le hacen mojar su ropita interior. El cinéfilo en cuestión suele hacer un listado de cintas lo suficientemente convencional para no ser vulgar y lo suficientemente peculiar para ser diferente. Y en muchos casos seguramente ni las habrá visto!!He aquí la lista...
- "El laberinto del fauno" (Guillermo del Toro, 2006): Para poder calificar las bondades de una película, hay que dejar pasar el tiempo. En ese sentido, una buena cinta, es como un buen vino. Porque es el tiempo, no siempre justo, quien tiene que determinar si es un gran reserva o vinagre añejo. No obstante, la borrachera que me cogí el año pasado con esta película fue tal que no creo que los años la desvirtúen. Solo por entremezclar fantasía y guerra civil, su magnífico desenlace y la interpretación de Sergi López, merece la pena estar aquí.
- "Furtivos" (José Luis Borau, 1975): Estrenada en el festival de San Sebastián dos meses antes de la muerte del general Franco, esta sencilla película va más allá del melodrama para narrar una historia de posesión y locura. Un joven (Ovidi Montllor), que vive con su madre en el campo (soberbia Lola Gaos), un día conoce a una chica joven y decide darle asilo en su apartada casa. José Luis Borau, nombre fundamental de la historia del cine español, consigue con esta historia elíptica y metafórica, a la manera del cine de oposición de los setenta, esbozar una atmósfera claustrofóbica en una película que tiene como punta de lanza la relación materno-filial insana que Montllor y Gaos mantienen. No se la pierdan. Vaya voz cazallera la de la Gaos, vaya una madre hija de puta. Si a eso le sumas un final enorme (confesión, redención, venganza), obtenemos una maravilla.
- "El día de la bestia" (Álex de la Iglesia, 1995): Intentaré no decir la frasecita, lo juro...En fin, en 1995 y tras su más que prometedor debut con "Acción Mutante", Álex de La Iglesia se pasó al thriller satánico con una cuidada puesta en escena, una banda sonora de excepción y unas interpretaciones más que inspiradas...Prometo no decir la frase...La película, con una estética cercana al cómic y un acabado formal impecable, cuenta con escenas míticas que ya forman parte del acervo cultural de una generación (las secuencias del edificio Capitol,el Corte Inglés de Callao, la muerte de los Reyes Magos)...Y es que nadie cómo Álex de la Iglesia ha sabido sacarle un mayor provecho a una ciudad con tanto potencial cinematográfico como es Madrid...Y lo siento mucho, pero no puedo evitarlo: ¡SOY SATÁNICO Y DE CARAVANCHEL!
- "La madre muerta" (Juanma Bajo Ulloa, 1993): Segunda película de Bajo Ulloa, artista maldito de nuestro cine, "La madre muerta" comienza con el asesinato de una mujer por parte de Ismael, un psicópata venido a ladrón (Karra Elejalde). La hija lo ve todo. Años después, Ismael se encuentra fortuitamente con la niña, que ha crecido y se ha convertido en una mujer. Es paciente de un hospital psiquiátrico y se encuentra en estado catatónico desde la muerte de su madre. Ismael la secuestra creyendo que la chica lo reconoció y entre ambos se establece una relación enfermiza de violencia, cariño paternal y posesión sexual que va del ternurismo a la obsesión. Con referencias a "Ensayo de un crimen", de Buñuel, y con una violencia de cómic (la muerte de Ramón Barea o el suicidio de la francesa los vimos diez años después en "Oldboy"), su final redentor, bendita lluvia, es de los que merece la pena recordar. Una obra maestra. Con todas las letras. Y que Dios bendiga a Karra Elejalde.
- "Viridiana" (Luis Buñuel, 1961): La que formó el bueno de Don Luis con su regreso a España. Tras conseguir superar la censura previa de manera inexplicable, Luis Buñuel, con el apoyo de la mítica productora independiente Uninci y Pere Portabella, consiguió un reparto de excepción con Silvia Pinal en el papel de Viridiana y dos de nuestros grandes actores, Paco Rabal y Fernando Rey. Y digo inexplicable, porque la incorrección política de "Viridiana" hubiera creado polémica en estos conservadores días que nos ha tocado vivir. Buñuel ataca a todos por igual. A la Iglesia por posibilista e hipócrita, a los ricos por depravados, a los pobres por maleducados y pendencieros. Pocos se libran de la mirada despiadada de un Buñuel que apunta sus espejos deformantes hacia la sociedad española de la época y le saca los colores. La película, que consiguió la Palma de Oro del Festival de Cannes, llamó la atención del Vaticano y desde el "Osservatore Romano" la tacharon de blasfema. Su secuencia final, con un montón de mendigos y prostitutas escenificando "La última cena" de Miguel Ángel con el Mesías de Haendel de fondo (ver foto superior), quizás tuviera algo que ver. Nota: El orden de las películas es aleatorio. Las amo a todas por igual.
Algunos de las imágenes más sugerentes y de mayor potencia visual que recuerdo haber visto en mi corta vida cinéfila, las asocio siempre al cine fantástico y a autores sublimes como Lang, Murnau, Wiene, Browning, Whale, Franju, Cocteau o Archie Mayo, por mencionar algunos de los más conocidos. Precisamente a una película de este último pertenece la secuencia a la que dedico este post: "Svengali", de 1931.
La cinta,de clara influencia expresionista, es una producción de bajo presupuesto de la Warner, que cuenta con unas magníficas interpretaciones de Marcia Marsh y John Barrymore, que dos años después trabajaría a las órdenes del viejo zorro gris, Howard Hawks, en "La comedia de la vida".El argumento de Svngalirecuerda poderosamente al ya visto en la mítica "El gabinete del doctor Caligari" y nos narra las andanzas de un malévolo profesor de canto (Barrymore) que a través de procesos hipnóticos abusa de jóvenes y desdichadas aspirantes a estrella, entre las que se encuentra Marcia Marsh.
El derroche de talento visual que ofrece Mayo en esta película queda patente en una de las secuencias más originales y sugestivas de la historia del cine. A través de un inteligente uso del travelling, un excelente montaje de primeros planos, y un más que perfecto trucaje de maquetas, la secuencia de la posesión de Marcia Marsh supone una elevada dosis de cine en estado puro. Contextualicen. Este prodigio del movimiento de cámara se rodó más de sesenta años antes de las diabluras de Fincher, el Gotham de Burton o los espléndidos planos aéreos de "Moulin Rouge". Cinta reivindicable para los mejores paladares cinéfilos. Y si les gusta el director, no se pierdan sus dos últimas películas, de 1946: "Una noche en Casablanca", con los hermanos Marx, y "El diablo y yo", magnífico ejercicio multigenérico protagonizado por ese trío de ases que son Paul Muni, Claude Rains y la bella Anne Baxter.
Disfruten de la secuencia. Caviar, amigos. Puto caviar. Aquí aprendimos a sobrevolar una ciudad a 24 fotogramas por segundo.
Amigos blogueros, ¡la cruzada por el feísmo ha comenzado! ¿Harto de ver en cine y televisión a guapos de turno luciendo palmito? ¿Acomplejado por tu amada y tan trabajada lorza? ¡Feos del mundo, ha llegado nuestra hora!
Buceando en Internet (el funcionariado es lo que tiene), encontré el pasado año una página web en que chicos y chicas, señores y señoras de toda España, mostraban sus fotos al mundo y las sometían al veredicto cruel del gran público. Así que yo os digo, feos del mundo, ¡sacad vuestras lanzas, afilad vuestras espadas, pulid vuestros escudos! ¡La batalla por el feísmo ha comenzado!
Si algún día estáis tan aburridos como yo y entráis en esa página, deberéis hacer lo siguiente: ¡castigad al guapo, premiad al feo! A la tía buena un míserable punto, al friqui pajillero un merecido diez. Valga este ejemplo. Si ustedes entran en esta página y encuentran un maromo de estas características...
...¡Le darán un miserable cero! Si en una aburrida tarde de tormenta y brasero, llegan a esta página y encuentran unas señoritas como estas...
...¡no le darán un miserable punto! Ya ha llegado la hora de que el culto al cuerpo acabe. ¡Se acabaron los guaperas! ¡Se acabaron las tías buenas!
Y con esto, amigos, ya termino. Entrad en esta páginay votad a los feos. Porque si lo haces, puede que el día de mañana el mundo admire a gente como esta...
Yo no tengo dudas. La mejor secuencia de la historia del cine por el mejor director de la historia, Sam Peckinpah. Ayudado por una magnífica banda sonora creada para la ocasión por otro genio, Bob Dylan, esta es una de las secuencias que espero que alguien decida pasar el día de mi funeral. Pertenece a "Pat Garrett and Billy the Kid" y es una maravilla.
La muerte según Peckinpah. Un hermoso atardecer, una mirada triste y una sonrisa redentora. Aquí está la esencia de creadores tan dispares como Miller, Eastwood o Tarantino. Aquí están Marv, Bill y William Munny. Todos perdedores, todos muertos.
Amigos, Quentin Tarantino levanta pasiones y odios. Yo jamás seré parcial u objetivo. Vi Reservoir Dogs con 9 años (bendito país y bendita clasificación por edades), y me enamoré del cine y de cortar orejas. Pero eso es otra historia…
Mucho se ha hablado de la influencia de "Vanishing Point" en la peli de Quentin, influencia reconocida, pero que se reduce únicamente a un intento de plasmarel espíritu libertario de su protagonista, Kowalsky, y de todas las muscle car de los 70 (me quedo con "Cannonball!", de Paul Bartel).
No obstante, si en cuanto a planificación y narración audiovisual de las secuencias de acción, Quentin se inspira directamente en esa obra demoledora del género que es Mad Max (supuso el fin de la primacía del entorno en una persecución para centrarse en la persecución misma), la estética y el espíritu lo toma de esa maravilla que es "Faster, pussycat! kill, kill!" (1965), de Russ Meyer.
Tura Satana y sus compinches
Si no la habéis visto, os la recomiendo. Russ Meyer era un erótomano que conjugó como nadie sus dos grandes pasiones: las curvas de mujer y la violencia. En sus pelis, y aquí Tarantino se ha inspirado, las chicas no son frágiles ohermosas, simples y bellos floreros. En las pelis de Meyer las chicas son guerreras del volante, peligrosas, asesinas y saben de artes marciales. ¿Os suena de algo?
En fin, que aquí os dejo el magnífico trailer de la peli por si os gusta.
PD: Más allá de lo técnico (ya hablaremos de la peli este fin de semana), "Death Proof" es un hermoso alegato por un tipo de cine de acción que los Wachowsky intentaron asesinar con su mezcla de efectos digitales y persecución en "Matrix Reloaded"...Ya pueden cagarse en mis muertos más recientes.
De profesión psicótico, Hyde es mi alter ego desbocado. Con una temprana afición por el cine (a los nueve años comenzó a devorar películas...y a otros niños, pero eso no viene al caso), Edward Hyde, alias el simpático, es hoy un eterno adolescente de veintitrés inviernos que solo le teme a tres cosas pero no recuerda ninguna. Cortometrajista y estudiante de cine, espera ansioso la venta de su primer guión que conseguirá cinco minutos antes de que el sol se apague (pizca más o menos).
Dicho esto, les dejo con este amorfo soñador cinéfilo y acomplejado.
Suyo siempre, Henry Jeckyll.